No he hecho personalmente el Camino de Santiago, pero sí que he obtenido una imagen vívida del mismo a través de las descripciones de mi mujer, que lo hizo y lo disfrutó. Y por cierto, hay muchos lugares de peregrinación en el mundo. Hablaremos de uno de ellos.
La devoción a la Virgen de Luján, patrona de Argentina, se celebra cada 8 de mayo. Todo comenzó en 1630, cuando arribó al puerto de Buenos Aires una imagen de la Virgen encargada por un hacendado, con la finalidad de colocarla en su estancia.
Pero nunca habría de llegar allí, porque, trasladada en carreta de bueyes y llegados a cierto punto (un paraje a orillas del río Luján), los animales pararon de golpe. Se revisaron las ruedas, se reacomodó la carga, se azuzó a los bueyes, pero todo fue inútil. Sólo se movieron cuando fue bajada en el lugar la imagen de la Virgen, cosa que no podía atribuirse a su peso, dado que es pequeña (apenas 38 centímetros) y está hecha de terracota. Esto fue interpretado como una señal y allí se quedó, en la estancia de Diego Rosendo.
Comenzaría de inmediato a recibir a los vecinos que deseaban rendirle culto. Primero en un simple altar, que sería convertido en ermita en 1633. Y cuando murió el dueño de la estancia donde se encontraba, en 1671, se la trasladó a otro lugar siempre dentro de la zona, para evitar que quedara al descampado.
Quedó albergada entonces en la estancia de Doña Ana de Matos, primero en un oratorio, luego en una capilla (bendecida en 1677) y allí mismo, el 15 de octubre de 1730, se creó la Parroquia de Nuestra Señora de Luján. En 1763 se inauguró un nuevo santuario, que perduró hasta principios del siglo XX. Hoy en día existe una bella Basílica, cuya construcción se inició en 1890 y finalizó en 1935.
Con respecto a las peregrinaciones, cabe suponer que existieron en forma espontánea desde el momento en que la imagen de la Virgen llegó al sitio y dio origen al llamado "Milagro de la carreta". Pero la primer peregrinación oficial, de la que se tiene registro, fue organizada por la Arquidiócesis de Buenos Aires el 3 de diciembre de 1871.
La medalla que nos ocupa, cuyo anverso vemos al principio de este post, conmemora la que dio en llamarse "Gran peregrinación uruguaya a Luján". Su decidido impulsor fue el obispo de Montevideo de ese entonces: Mariano Soler.
Pensó en principio aprovechar un viaje que realizaría a Roma, para encargar el trabajo de confección de dicha lámpara. Sin embargo, reflexionó luego que quizás existiera en Uruguay un orfebre capaz de plasmar el proyecto. Y así fue como lo encargó a Felipe Moreau.
Cuando el obispo la describe como "lámpara monumental" logra una acertada definición del objeto. Pesa 280 kilos, la altura desde el asa móvil hasta el balancín es de 3,25 metros y la circunferencia del cuerpo principal es de 5,10 metros en su parte más ancha. Las cadenas miden 1,29 metros cada una.
A su vez, los materiales de confección no son menos importantes: plata, oro y piedras preciosas. Y el conjunto exige también extrema habilidad al orfebre: contiene ocho escudos esmaltados, repujados, afiligranados, además de una orla de plata con una inscripción alusiva.
Finalmente, fue el 6 de septiembre de 1895 cuando los buques Helios y Tritón embarcaron a los peregrinos en Montevideo. Partieron pasadas las siete de la tarde y arribaron a Buenos Aires a las 5:30 del día siguiente. Les esperaba un viaje en tren de dos horas hasta Luján. Esa misma tarde se procedió a bendecir la lámpara votiva y al día siguiente, domingo 8 de septiembre, se celebró la correspondiente misa del acontecimiento.
Veamos el reverso de la medalla conmemorativa:
Puede notarse la mención de la casa grabadora: Ignacio Orzali, José Bellagamba y Constante Rossi. Al igual que en sus muchos trabajos, lograron un resultado excelente.



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