Además de constatar el faltante de monedas de uno y dos pesos en Uruguay (principalmente de las primeras), podríamos intentar saber si esto sucede también en otros países. Lo cierto es que parece que sí.
El mismo artículo del Sr. Philippe Garcin que les recomendé (link aquí) nos habla del caso del euro. Para ser más específicos, del caso de las monedas de céntimos de euro en Francia, que también sufrirían el mismo fenómeno. A lo cual hay que sumar un suceso aún más raro: períodos en los cuales escasearon en España las monedas de uno y dos euros (fuente: portal Consumer).
Esto es realmente extraño, porque no se trata de denominaciones menores ni monedas pequeñas que pudieran extraviarse con facilidad. En su momento, pareció que había una explicación plausible: esas monedas eran consumidas en el circuito de las apuestas en los slots o tragamonedas, que estaba bastante extendido en España.
Por mi parte, agregaría otro motivo: el turismo. Casi 94 millones de turistas visitaron España en 2024, por ejemplo. Y seguramente, muchos de ellos habrían de proceder de fuera de la Zona Euro, por lo cual, si les quedaron algunas monedas, éstas no volvieron al circuito. De todas formas, parece ser que estos faltantes son cosa del pasado, dado que sucesivas emisiones de tamaño considerable habrían eliminado el problema.
En Estados Unidos, mientras tanto, el problema corrió por otro lado: el contenido de metal de ciertas monedas resultó valer más que la moneda en sí. Por ejemplo, esto sucedió con las monedas de uno y cinco centavos, hechas en cobre. En consecuencia, se aprobó una ley que prohibió la fundición de esas monedas para aprovechar el metal. Más aún: tampoco era legal llevar monedas de esas denominaciones al viajar al exterior. En cuanto a los envíos al extranjero, se limitaban al equivalente a 100 dólares "para fines legítimos de numismática". En su momento, el Director de la Casa de Moneda estadounidense se pronunció al respecto:
"El país necesita sus monedas para el comercio. No queremos que nuestros centavos y monedas de cinco centavos se fundan para que unos pocos se aprovechen del contribuyente estadounidense. Reemplazar estas monedas supondría un coste enorme para los contribuyentes. "
De todas formas, más allá de salir al cruce usando instrumentos legales, poco podía hacerse. Se llegó a un punto en el cual cada moneda de un centavo costaba cuatro centavos para ser fabricada. Y así, la Casa de Moneda se decantó por la solución lógica: dejar de emitir esa denominación, cosa que sucedió el 12 de noviembre de 2025.
Y volviendo al caso de Uruguay, es posible que mi vecino no ande tan descaminado en su pensamiento. Si bien no es redituable fundir monedas de un peso para vender el metal, bien pueden usarse como materia prima para fabricar arandelas. ¿Será esa la respuesta al misterio?



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