EL TESORO DEL "LORD CLIVE" - PRIMERA PARTE (LOS HECHOS)


 

A inicios de 1762, comenzó a madurar un plan conjunto de Inglaterra y Portugal para atacar los enclaves españoles en el Río de la Plata y, en definitiva, conquistar la zona. Se suponía que la Banda Oriental quedaría en manos portuguesas y la Banda Occidental seria británica.

Quienes se asombren hoy en día de la existencia de ejércitos privados como "Blackwater" o "Wagner", deberían saber que la intervención privada en las guerras siempre existió. Por de pronto, para llevar a cabo el plan anglo-portugués, la encargada fue la Compañía Británica de las Indias Orientales.



Lo primero que hizo la Compañía fue una suscripción. O sea, un llamado a quienes quisieran financiar la expedición y cobrar las ganancias de la misma. Se reunieron cien mil libras esterlinas (conserven esta cifra en mente), se compraron buques, se aprovisionaron los mismos y se procedió a reclutar la tripulación a la vieja usanza: mediante avisos públicos que prometían "libertad para el saqueo" (sic).

Uno de los buques adquiridos para la expedición fue el HMS Kingston, navío de 60 cañones construido en 1697, que fue rebautizado como "Lord Clive" y puesto al mando del capitán MacNamara. También fue comprada la fragata "Ambuscade", de 40 cañones, cuyo mando fue dado al capitán Roberts. Y con todo pronto, zarparon de Londres en agosto de 1762 con rumbo hacia Río de Janeiro.

Arribaron a Río de Janeiro y allí fueron reforzados con otro buque más, éste aportado por los portugueses: la fragata "Nossa Senhora da Gloria", con 38 cañones. Se agregaron además ocho bergantines de transporte y una fuerza de 600 soldados. Con esas fuerzas se intentaría desembarcar en la Ensenada de Barragán y atacar Buenos Aires, usando como base Colonia del Sacramento (enclave portugués).



Sin embargo, las cosas empezaron a torcerse: Colonia del Sacramento había caído en manos españolas. ¿Qué hacer entonces? Atacar Buenos Aires era imposible, porque los prácticos que conocían el puerto habían caído prisioneros. Atacar Montevideo no era viable, porque el calado de los buques lo impedía. Entonces, MacNamara decidió atacar y reconquistar Colonia del Sacramento. 

Quizás fuera buena decisión en los papeles, pero cuando la llevó a la práctica fue un total desastre. Al mediodía del 6 de enero de 1763 comenzó el ataque. Cada uno de los tres buques de MacNamara se situó frente a las tres principales posiciones fortificadas de Colonia. El "Lord Clive" lanzó nada menos que tres mil proyectiles, que pasaron olímpicamente sobre su blanco sin tocarlo, debido a la altura del navío y la distancia inadecuada a la que habían anclado.

Por contrapartida, los españoles le dispararon al "Lord Clive" unos proyectiles especiales: balas rojas. Se trataba de balas de cañón calentadas al rojo vivo y luego disparadas. Se convertían así en proyectiles incendiarios y cumplieron su cometido a la perfección: hacia las cuatro de la tarde se inició un fuego incontrolable en el buque, siniestro que cobró las vidas de la mayoría de la tripulación y obligó a abandonarlo sin remedio. El navío habría de quemarse completamente, por espacio de cuatro horas, hasta la línea de flotación y, tras ello, los despojos se hundieron en el río.



Esos son los hechos. Ya veremos, en una segunda parte, la sinuosa continuación de la historia.

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