De todos los orígenes posibles para la búsqueda de la llamada "plata yvyguy", el más factible por lejos es el que sitúa esos enterramientos de valores durante la Guerra de la Triple Alianza. Es de suponer que en el transcurso de este conflicto se produjeron movimientos y desarraigos de poblaciones enteras, en lo que constituyó una suerte de éxodo para muchos.
Miles de familias debieron abandonar sus hogares, ante el temor de atropellos y saqueos por parte de las tropas que atacaban al Paraguay. En esas circunstancias, no podían cargar con sus valores (fuesen pocos o muchos) y entonces buscarían preservarlos bajo tierra, a la espera de un retorno que no siempre pudo ser.
Es seguro que los invasores encontraron varios de estos escondites. También es probable que otras tantas familias lograsen regresar y recuperar lo suyo. Pero en muchos casos esto no debió suceder y, entonces ahí quedaron esos enterramientos, a la espera de afortunados que, casualmente, dieran con ellos.
Sin embargo, la "plata yvyguy" tiene también una faceta entre lo mágico y lo místico. Hay quienes aseguran que, en vez de emplear métodos sofisticados, los buscadores deben estar atentos a las "señales". ¿Y cuáles son éstas? ¿Y cuándo se producen?
Ante todo, son propicias las noches cerradas y tempestuosas, con rayos y tormentas. El buscador debe templar su ánimo para moverse en esas circunstancias en terreno agreste, a la espera de ver una llama, una bola de luz que se mueve en el aire sin respetar la dirección del viento y que acabará por posarse en las cercanías de un tala.
Allí donde la llama redonda se pose, allí es que deberá cavar el buscador. Encontrará un tesoro, pero eso no le significará precisamente prosperidad, pues si es avaricioso sólo le acontecerán desgracias a partir de ese momento. En cambio, si es un alma generosa, será bendecido con mucha y muy buena suerte.
El acontecimiento a veces irá acompañado de inequívocas señales fuera de lo terrenal. En este sentido, la tradición oral indica que un perro blanco sin cabeza, que aparece a los elegidos, oficia de guía al buscador. Dicha aparición hasta tiene su estatua que lo conmemora.
La tradición no está exenta de significado, seguramente. Quizás lo que se quiere remarcar es que los enterramientos de estos tesoros se produjeron en época de dolor, violencia, separación y desarraigo para los protagonistas. Los valores se ocultaron de saqueadores y codiciosos, por ende se espera que quien los encuentre no sea de esa calaña.
Pero no sólo hubo familias que enterraron sus preciadas posesiones. También el Estado Paraguayo se vio obligado a ocultar bienes públicos.
El 21 de febrero de 1868, ante el cariz negativo de la situación imperante, el presidente paraguayo Francisco Solano López ordenó a su vicepresidente que procediera a evacuar la ciudad de Asunción, lo cual significó el traslado y la puesta a recaudo de archivos oficiales, el Tesoro Público y gran cantidad de bienes preciosos de la Iglesia. Y así lo hizo Domingo Francisco Sánchez, en trayecto que en gran parte se cumpliría en tren.
Se dice que el vicepresidente paraguayo temió lo peor. Pensando entonces que no llegaría a salvo a destino, procedió a hacer durante el trayecto nada menos que veintiuna paradas, para enterrar al menos una parte de la preciada carga del tren. Y dibujó de su propia mano los mapas que señalarían cada uno de los enterramientos.
Sólo el resto de la carga llegó hasta Luque, la primer capital alternativa durante el conflicto. Luego los paraguayos se verían obligados a ir moviendo de ciudad en ciudad su capital. De Luque a Piribebuy y de allí a Curuguaty, siempre por necesidades militares.
Se sabe que esos mapas existen, pero quienes sean sus propietarios no sueltan prenda. Los historiadores coinciden en que resulta muy difícil que sean de utilidad actualmente. Consideran que, con las prisas del momento, las referencias y marcadores que pudo haber dejado Domingo Sánchez deben haber sido casi efímeras. En todo caso, no subsistieron hasta hoy en día.
Pero de todas formas eso no quiere decir que lo enterrado no esté allí. Y los buscadores no se desaniman, como vamos a ver en una tercera parte.

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