EL MISTERIO DE LA CÁMARA DE ÁMBAR - PRIMERA PARTE (LA HIPÓTESIS BALTICTECH)


 

Les invito a imaginar una enorme sala de un palacio imperial, profusamente revestida y adornada  ¿Ya la tienen en mente? Pues bien, subamos la apuesta y pensemos que ese espacio es único, absolutamente único en el mundo, por las características del material empleado: se trata de la Cámara de Ámbar.

Fue diseñada en 1701 por Andreas Schulter,  por encargo de Federico I de Prusia para su palacio de Berlín. Tras doce años de trabajo de especialistas y artesanos, la labor fue detenida al fallecer el emperador, dado el desinterés de su sucesor, Federico Guillermo.

Aún sin terminar, la instalación llamaba poderosamente la atención por su belleza intrínseca. Quien quedó fascinado por ella fue el zar Pedro I, en ocasión de una visita que hizo a Berlín para sellar una alianza con los prusianos. Y entonces, Federico Guillermo, que no tenía el más mínimo interés en la obra y su continuación, se la regaló al afortunado Pedro.



Ya en Rusia, la cámara no pareció correr mejor suerte y permaneció sin ser ensamblada por largos años, hasta que al fin Catalina la Grande ordenó que se colocara en su palacio de verano. Y en vista de que la sala que la acogería era bastante más grande que la original de Berlín, mandó completar los paneles y el revestimiento con más ámbar, espejos, mosaicos de piedras semipreciosas y demás, en nueva labor que insumió quince años, hasta que se completó en 1770.

El resultado final fue tan extraordinario que hizo que la Cámara de Ámbar fuese llamada de allí en más "La octava maravilla del mundo". Y logró sobrevivir a los variados, movidos y violentos episodios de la historia de Rusia por más de un siglo y medio, hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial.



En el transcurso de la misma, gran parte del territorio ruso fue ocupado por el ejército alemán, que envió al sitio un equipo especial, encargado de desarmar los componentes de la Cámara de Ámbar, embalarla convenientemente y trasladarla en principio al castillo de Konigsberg (actual Kaliningrado). Que se sepa, estuvo allí hasta fines de 1943 y luego comienza el misterio acerca de su destino.

Inicialmente, se supuso que había sido totalmente destruida durante los severos bombardeos sufridos por el castillo en 1944. Pero tras el fin de la guerra comenzaron los rumores acerca de un posible traslado de la Cámara, hecho por los alemanes para evitar precisamente su destrucción. 



Las teorías se fueron apilando: primero se afirmó que estaría oculta en un túnel de alguna mina abandonada, destino no tan descabellado si consideramos que otros bienes valiosos fueron puestos a buen recaudo de esa forma. Luego, otros investigadores indicaron que, tras un traslado fallido, las cajas que contenían las piezas de la Cámara de Ámbar fueron echadas a un lago. Nuevamente, no se trata de una hipótesis loca, teniendo en cuenta que dicho recurso de ocultamiento ya había sido utilizado antes.

La única pista segura fue la aparición de una parte de uno de los mosaicos que componían la Cámara. Esto sucedió en 1997, cuando la policía alemana detuvo a una persona que intentaba vender esa pieza. La conexión posterior fue sencilla de hacer: el detenido era hijo de un militar alemán que fue parte del equipo de traslado original. Pero esa pieza era lo único que tenía y su padre había fallecido, de modo que se arribó nuevamente a un callejón sin salida.

Aún así, habría grandes novedades en 2020: se halló un barco hundido que podría contener la Cámara de Ámbar. La cobertura de esta noticia fue particularmente deficiente por parte de alguna prensa. Resulta ser que el buque naufragado se llamaba Karlsruhe y, por haber existido más de un barco alemán con el mismo nombre, algunos medios confundieron uno con otro, así nomás.




Los "otros Karlsruhe" eran buques de guerra, pero el que nos interesa era un modesto vapor de carga, tan antiguo como que fue construido en 1905. ¿Qué hacía entonces cuarenta años después, en medio de la Segunda Guerra Mundial? La respuesta es simple: tareas de evacuación, ante el avance del ejército ruso. 

En esas circunstancias fue el último barco en zarpar del puerto de Konisberg antes de la caída de la ciudad. Y por lo que se sabe, no sólo transportaba civiles, sino también un grupo militar especial (quizás de las SS) con misión clasificada. ¿Transportar la Cámara de Ámbar una vez más?

Así lo cree el grupo Baltictech, que ubicó el naufragio tras más de un año de búsqueda y procedió a identificarlo el 24 de septiembre de 2020. Utilizando sus equipos, registraron en video el hallazgo y comprobaron la existencia, en las bodegas de carga, de vehículos militares y numerosos cofres con contenido desconocido. 

En una segunda expedición del grupo, esta vez monitoreada por el Museo Marítimo de Gdansk y la Oficina Marítima de Gdynia, se documentó en forma mucho más detallada el contenido visible y se recuperó un cofre que estaba en posición muy accesible. Fuera de esto, tenían prohibición de mover, excavar, abrir o siquiera tocar otros objetos o el casco. ¿Y qué contenía ese cofre? Herramientas e instrumentos necesarios para calibrar y reparar equipo naval.

Naturalmente, esperaban hacer nuevas inmersiones que permitieran verificar su hipótesis, pero no ha sido posible hasta el día de hoy.




Esto último parecerá cosa extraña, pero queda aclarado si pensamos en las dificultades que se presentan: por un lado, en caso de que la Cámara de Ámbar estuviera realmente acondicionada en la bodega del "Karlsruhe", Rusia la reclamaría de inmediato y le asistiría razón legal. Por otra parte, el buque es una tumba de guerra alemana, de modo que Alemania podría oponerse a toda intrusión en el naufragio.

Fuera de ello, se desconoce en qué condiciones estaría la Cámara. No hay que olvidar que el "Karlsruhe" fue atacado por la aviación rusa, fuese con bombas o torpedos, y eso provocó su rápido hundimiento. La destrucción resultante, sumada a la mala conservación bajo el agua, podrían augurar un pésimo resultado.

Y agreguemos esto: si consideramos todo lo dicho, es muy difícil conseguir inversores de riesgo para financiar una expedición en toda regla. Quien pone dinero quiere multiplicarlo, es tan simple como eso. En el próximo post abordaremos la hipótesis de este blog, acerca del destino final de la Cámara de Ámbar.

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