EL ORO DEL SUBMARINO I-52 - CUARTA PARTE (DESENREDANDO LA MADEJA)


Ya sabemos que Paul Tidwell tomó como una cruzada personal la búsqueda del submarino japonés I-52 y la recuperación de su carga. Esto le llevó a dos expediciones (en 1995 y 1998) que le permitieron ubicar el naufragio y recuperar algunos objetos: una caja que contenía opio, algunos lingotes de estaño y unas pocas vestimentas. De las 2,2 toneladas de oro que llevaba al zarpar, ni noticia.

Para 2005, Tidwell reapareció redoblando la apuesta. Anunció que no sólo recuperaría el oro, sino también un documento excepcional:  un plan de paz entre Japón y los Aliados. Entretanto, diversos autores habían especulado con otros contenidos misteriosos presentes en el submarino, desde las investigaciones sobre la bomba atómica japonesa hasta el uranio necesario para fabricar una de esas armas.

La cuestión es que esa tercera expedición de Tidwell nunca se llevó a cabo. Y esto no tiene nada de raro: ningún inversor se arriesgaría a poner dinero para financiar esa aventura. ¿Por qué motivo? Para empezar, porque la suma necesaria sería astronómica, teniendo en cuenta lo que se intentaba: o bien cortar el acero del casco del submarino y abrirse paso en el interior, o bien reflotar el submarino entero, que se encuentra a más de cinco mil metros de profundidad.




Por otra parte, aunque la costosa y peligrosa tarea pudiera ser llevada a cabo con éxito, surgirían de inmediato cuestiones legales cuya resolución podría demandar muchos años, sin ninguna garantía de un fallo a favor en los tribunales. 

Adermás, ¿cómo saber si el oro se encuentra todavía en el I-52? Las expediciones no aportaron el más mínimo indicio al respecto. Y personalmente, no creo que esté allí, porque la misión original del submarino japonés se vio radicalmente afectada al conocerse la noticia del desembarco de Normandía. Entonces, el puerto de destino (Lorient) dejó de ser seguro, pero menos seguro aún hubiera sido tratar de alcanzar Noruega. En realidad, eso hubiese sido suicida.

A mi entender, lo más probable es que, en el encuentro entre el U-530 y el I-52,  el oro pasó de manos hacia el submarino alemán, mientras que tres técnicos germanos pasaron al sumergible japonés. Para cuando se presentó el bombardero americano, el intercambio estaba hecho (se documentó que habían pasado al menos una hora en superficie). De modo que pierde su tiempo quien busque el oro en el fondo del mar. Nunca estuvo allí.



Tras sufrir el ataque, los alemanes comprendieron rápidamente que las comunicaciones estaban comprometidas (un avión enemigo no aparece por casualidad en el punto preciso donde dos submarinos emergieron para un intercambio). Entonces, habrán navegado en silencio radial hasta una escala no registrada, donde quedó el oro. Teniendo en cuenta que estaban en medio del Atlántico, las opciones son muchas. Por ejemplo, algún sitio solitario bajo bandera de un "gobierno amigo". ¿Se les ocurren ideas?

Comentarios