EL ORO DEL SUBMARINO I-52 - TERCERA PARTE (LAS BÚSQUEDAS)


Muchos años pasaron desde el hundimiento del submarino I-52 sin que se volviera a hablar del asunto. Lo cual es lógico, porque los archivos que recogían los detalles del suceso permanecieron durante décadas en condición de "clasificados", sin acceso por parte del público.

Durante la guerra, la propia Armada estadounidense había tratado de localizar el naufragio sin éxito alguno, aún contando con todos los datos a mano. De modo que, tras ese fracaso, nada más se intentó. Y así quedarían las cosas hasta 1990, cuando un hombre llamado Paul Tidwell comenzó a buscar información sobre el I-52 entre miles y miles de archivos que habían sido desclasificados.

Estaba tan decidido a llevar a cabo esa titánica tarea, que hasta se mudó a la ciudad de Washington, para poder tener a mano los Archivos Nacionales, la Biblioteca del Congreso y los varios museos navales que existen allí.



La cuestión es que la información fue surgiendo poco a poco, hasta que llegó a un punto en el cual fue creciendo de forma exponencial. Un manifiesto de carga japonés puso a Tidwell en la pista del oro, luego el registro oficial de un portaaviones le brindó datos sobre la búsqueda del I-52, de allí siguió obteniendo información al consultar el reporte del hundimiento por parte del piloto involucrado. Y tras ello continuó atando cabos, consultando todo aquello que consideró de relevancia, hasta que un buen día, cinco años después de comenzar, se dijo a sí mismo que ya estaba en condiciones de ubicar en una zona concreta al submarino hundido.

Semejante tarea necesita de mucho dinero, a fin de pagar buques, logística, permisos, tripulación, especialistas y tecnología de punta, además de transporte y suministros, por mencionar sólo algunos puntos básicos. Como Tidwell no era un hombre adinerado, tuvo que buscar inversores. Y logró reunir los fondos necesarios, usando los cuales financió una expedición en 1995.

Se contrató una empresa marítima, se alquiló un buque oceanográfico ruso y se dio inicio a la búsqueda en el Atlántico, en la zona indicada por Tidwell. Pero después de dos semanas no se había encontrado nada y el dinero se agotaba en forma alarmante. Fue entonces cuando se decidió incorporar un nuevo equipo de técnicos, quienes rehicieron los cálculos originales y marcaron otra zona de búsqueda.

Finalmente, justo un día antes de cumplirse el plazo límite de la expedición, dieron con una imagen llamativa en la pantalla del sonar, que resultaría ser el submarino I-52. Tras ello, sólo se pudo documentar el hallazgo mediante video y fotografía.



De inmediato comenzaron los problemas. Por un lado, el gobierno japonés comunicó que consideraba el naufragio como una tumba de guerra. Por otra parte, un buscador de oro tejano acusó a Tidwell de apropiarse de sus investigaciones. Pero Tidwell no se amilanó: buscó otros inversores y regresó a la zona con otra expedición en 1998.

Como los nuevos equipos utilizados tenían capacidad para mover, tomar y recuperar objetos, apenas se ubicó una interesante caja de metal en el fondo del mar, se ordenó subirla a la superficie. Al parecer fue custodiada convenientemente, luego abierta sólo en presencia de Tildwell y un inversor, para constatar que sólo contenía opio, tras de lo cual la arrojaron por la borda. Y poco más se hizo, porque no se contaba con la posibilidad de penetrar en el submarino naufragado.



Hasta 2005, no se volvió a hablar del asunto, aunque la espera valió la pena. Esta vez, Tildwell dijo que estaba cerca de completar el financiamiento de una nueva expedición y que no sólo recuperaría el contenido del submarino, sino que lo reflotaría, lo remolcaría a Estados Unidos y luego de hacer reparaciones lo llevaría a Kure (Japón), su puerto de origen, a modo de homenaje. 

Además, en sus declaraciones dejó entrever la posibilidad de que el submarino I-52 transportase uranio, así como también documentos sobre las investigaciones atómicas de Alemania y Japón. Como si esto fuera poco, aumentó la apuesta indicando que la nave llevaba un plan de paz entre los japoneses y los aliados occidentales. "Gracias a la profundidad, el papel se conserva", agregó como quien dice algo obvio.

¿Qué fue lo que pasó realmente aquí? Lo veremos, o al menos bosquejaremos unas cuantas ideas, en el próximo post.

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