EL TESORO DEL PROFESOR NOUFROF

 


Hemos hablado acerca de tesoros en Montevideo. Por caso, del más famoso de todos, el llamado "Tesoro de las Masilotti", del cual pueden ver un racconto informativo que cubre todas las búsquedas y las teorías sobre su origen (link aquí).

Pero también ha habido noticias sobre otros tesoros, datos periodísticos que el tiempo fue acercando cada vez más al olvido, sea porque perdieron actualidad o porque fueron sustituidos por otras novedades que los desalojaron de la memoria popular. Uno de estos casos es el tesoro del Profesor Noufrof.

Comencemos por situarnos en la época: principios del siglo XX. Ante todo, debemos decir que quien crea que las prácticas de la llamada New Age son verdaderamente novedosas, está profundamente equivocado. Cien años antes de nuestro tiempo, había ya un verdadero fervor popular por el ocultismo, el espiritismo, las prácticas adivinatorias y un largo etcétera.



Como es natural, dentro de esas actividades aparecían personajes que centraban la atención, dado que se los veía como seres humanos con poderes fuera de lo común: sanadores, médiums, adivinos y más. Uno de ellos fue conocido como Profesor Noufrof.

El Profesor Noufrof tendió sus redes en Buenos Aires y en Montevideo, comenzando en una fecha que podemos situar a principios de 1909. Sus inicios fueron modestos: apenas unos avisos clasificados publicados en ambas ciudades, con buena estrategia comercial, en periódicos y revistas de amplia circulación y arraigo popular.




Como puede verse, hay aquí un dato extra: al principio, el Profesor se cubría la espalda al no dar un domicilio donde pudiera ser ubicado, dado que atendía las "consultas" por carta.

Pero ese anonimato tenía también una contra: no le permitía ganar fama ni diferenciarse de tantos otros que hacían similar publicidad de sus "dones". Entonces decidió generar un bombazo publicitario que lo diera a conocer ampliamente. Y así fue que puso en marcha la "historia de la sonámbula".

Haciendo sede en Buenos Aires, en la calle Catamarca al 681, lanzó el bulo de que pondría a una persona en un sueño hipnótico, similar al sonambulismo según él, por espacio de 120 días nada menos. Y comunicó que la persona en cuestión, una agraciada joven, pasaría esos días en una caja de cristal que Noufrof mandó confeccionar a tales efectos.



 

Comprensiblemente, la prensa se hizo eco inmediato de tales afirmaciones. Las notas y reportajes al Profesor Noufrof empezaron a multiplicarse en periódicos y revistas. Además, por si fuera poco, el astuto estafador procedió efectivamente a encargar la mencionada caja de cristal y a hacerla exhibir en las vidrieras de la Casa Tagini, que por aquel entonces era una tienda muy famosa en Buenos Aires:



Veamos entretanto lo que publicaba la revista "PBT" de septiembre de 1909, acerca del supuesto prodigio a realizar por el taimado "profesor". La nota afirma que ya había logrado sumir en sueño hipnótico a la jovencita por espacio de seis días, pero que no le bastaba con eso.

"El Profesor Noufrof pretende ir más allá, extremar en cuanto le sea posible el prodigio. Quiere conseguir de esta niña -médium y vidente-  lo que jamás se ha visto en Sud América, lo que sólo llegó a lograrse en la India y, aún así, en contadísimos casos"

"Pretende encerrar a la niña dentro de una caja de cristal por espacio de ciento veinte días sin despertar, en verdadero estado de catalepsia. Después, como ella es médium, sonámbula y vidente, una vez conseguido este delicado experimento, la exhibirá en público, sometiéndola a las pruebas que se le exijan"

El resultado de todo esto fue una inmensa popularidad para el avivado estafador, que vio aumentada su clientela en números increíbles. Y no sólo en cantidad, sino en calidad: mucha gente con abultado bolsillo acudió a sus "consultas" y pagó buen dinero por sus servicios. Entretanto, él mostraba a la "sonámbula" en un nuevo local (Cerrito 1145), porque el anterior le había quedado chico. Y por allí pasaron multitudes que pagaron entrada.



Sin embargo, por más que ahora no daba abasto para atender tanta gente, cada mes se hacía de unos días para "cruzar el charco" con rumbo a Montevideo, siempre con un pesado baúl del cual no se separaba bajo ningún concepto, mismo que volvía aligerado por completo. Dicho equipaje jamás fue revisado, en base a buenas propinas que el "Profesor" se encargaba de repartir.



Resulta obvio entonces que el Profesor Noufrof trasladaba su "recaudación" desde Buenos Aires a Montevideo. Es imposible saber de cuánto dinero estamos hablando, pero lo que sí sabemos es bajo qué forma lo conservaba. A los clientes pudientes les exigía abonar con monedas de oro o plata, aceptando también joyas de calidad como pago. A los clientes comunes les aceptaba el dinero, pero con esa plata compraba precisamente monedas: libras de oro.

Debió de acumular una cifra astronómica, teniendo en cuenta que atendió personas muy adineradas, a las cuales convencía de la necesidad de traer a sus familiares y hasta de organizar reuniones de sus amistades por docenas, para que él pudiera tratarlos en conjunto.

A eso debe sumarse que recibió donaciones y legados de todo tipo, incluyendo inmuebles y terrenos que rápidamente vendía para transformarlos en metálico. Y por si esto fuera poco, tenía un ejército de secretarias, que contestaban las "consultas por carta" y enviaban todos los artículos que el Profesor vendía: medallitas, sahumerios, relicarios, velas, estampitas, "agua magnetizada" y una larga lista.



Fueron años de bonanza para el Profesor Noufrof,  pero todo tiene un fin. En 1915 fue indagado por la Policía y, sospechando que pronto iba a ser detenido, huyó de Buenos Aires a Montevideo. La verdad es que logró escapar en el último momento, porque se encontraba en plena "consulta" cuando se percató que el Comisario Coronel Falcón entraba al frente de una partida policial. Reculando entonces entre la multitud de fieles, escapó por una ventana trasera.

No le fue mejor en Montevideo. El hombre que vendía "lágrimas de Cristo embotelladas" y que afirmaba conocer el futuro, al parecer no pudo prever que sería detenido, esta vez con éxito, por la Policía uruguaya.



Pronto se determinó que ni era profesor ni se llamaba Noufrof. En realidad se trataba de un ciudadano español de nombre Manuel Pedro Bermúdez Coffet. Además de tener cuentas pendientes con la Policía argentina, estaba también requerido por estafas diversas cometidas anteriormente en Perú, adonde llegó desde su Barcelona natal, huyendo también de las autoridades españolas.

Se le puso preso entonces y fue enviado a España, a requerimiento legal, para ser juzgado allí. Habría de morir en una cárcel ibérica, no sin antes proponer a varios guardias que lo ayudaran a escapar, con la promesa de "desenterrar un enorme tesoro en Montevideo". Se le rieron en la cara.

Sin embargo, analizando el asunto, es muy factible que nuestro "profesor" estuviera enterrando sus ganancias en Montevideo, pues nada se encontró al detenerlo ni tampoco tenía valores en los Bancos o Escribanías locales. Entonces, ¿dónde puede estar su tesoro? ¿en qué lugar pudo haberlo enterrado?

Hay dos candidatos a la hora de buscar posibles locaciones: los dos inmuebles que ocupó mientras estuvo en Montevideo y que fueron sus bases en Uruguay. Del primero de ellos se sabe que estaba ubicado en la calle Durazno, en las cercanías de la esquina con la calle Yaro. Al parecer, se trataba de una casa con un fondo con árboles frutales y algo de terreno. Puede estar allí hasta hoy en día.



El segundo candidato es un inmueble más grande, una propiedad sobre la Avenida Rivera que, según se sabe, estaba situada en las cercanías del Cementerio Inglés. De este inmueble se mostraron muchas imágenes en la prensa de la época, enfocándose principalmente en un rasgo del mismo: un templo que ocupaba la parte delantera del terreno.



 

Este templo era particularmente llamativo, por contener diversas estatuas, desde una de Pancho Sierra hasta la que se hizo famosa: el Cristo del que manaban lágrimas, que eran embotelladas y vendidas por el "profesor".



Es verdad que la zona donde se encontraba este inmueble sufrió muchos cambios desde entonces, pero tampoco es que hubiera muchas casas a esa altura de la Avenida Rivera en 1915, porque tres grandes terrenos estaban ocupados por cementerios (el Inglés, el del Buceo y el anexo a este último). Quedan entonces pocos inmuebles como lugares factibles, situados apenas en un par de cuadras.

Como sea, algo es seguro: el Profesor Noufrof jamás pudo regresar para recuperar su tesoro, de modo que allí debe estar bajo tierra, olvidado quizás, pero no menos real por eso.

Comentarios