LA CONTROVERSIA DE LOS 10 AGOROT



 ¿Puede una simple monedita generar una controversia de orden mundial? Puede. Y si no me creen, vean lo que pasó con la moneda que se ve en la imagen anterior, de origen israelí y de valor 10 agorot.

En el caso que nos ocupa, la agorá en cuestión (cuyo plural es "agorot") es una unidad monetaria israelí, equivalente a un centésimo de "nuevo séquel" (éste comenzó a regir en 1985). Al principio, se emitieron monedas de 1 agorá, 5 agorot, 10 agorot y 50 agorot (esta última fue llamada "medio nuevo séquel").

En particular, la moneda de 10 agorot no es precisamente imponente. Está hecha de bronce de aluminio y níquel, tiene un diámetro de 22 milímetros y un peso de apenas 4 gramos. Pero su anverso desató una enorme controversia. El diseño está inspirado en una antigua moneda de la época de Antígono Matatías, quien fuera rey y sumo sacerdote de Judea, antes de Herodes el Grande.




Lo que se ve en él es un candelabro de siete brazos sobre un territorio, un emblema de Israel y la leyenda "Israel". Nada que generase problemas, hasta que apareció un artículo académico en GeoJournal, cuyo autor (Gwyn Rowley, de la Universidad de Sheffield) afirmaba entre otras cosas lo siguiente:

 "Si bien Israel nunca ha definido formalmente sus fronteras, un posible indicio de sus ambiciones territoriales más amplias podría observarse en la moneda israelí de diez agorot, que lleva un mapa que aparentemente representa un área que se extendería hasta abarcar las actuales Amán, Beirut, Bagdad, Damasco y el norte de Arabia Saudita. Esta misma representación territorial aparecía en la anterior moneda de un shekel."

Por supuesto que esto desató de inmediato una controversia en varios niveles, pero, aún así, no se esperaba que fuera descomunal, hasta que entró en escena un importante personaje de la política de Medio Oriente: Yasser Arafat.



La máxima autoridad de la Organización para la Liberación de Palestina tomó la palabra en una sesión especial del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, realizada en 1990, expresando que el diseño de esa moneda era prueba cabal de que el Estado judío deseaba extenderse hasta alcanzar un Gran Israel que abarcaría territorios de otros países también.

Como es comprensible, esta declaración recibió gran cobertura mediática y generó respuestas de todas las partes involucradas, pero en tono general de quitarle trascendencia al asunto. Aún así, quienes ya estaban radicalizados respecto al espinoso tema, intentaron avivar el fuego. Afortunadamente, eso no prosperó.

En el campo académico, que fue donde se originó el asunto, también GeoJournal publicó algún artículo que discrepaba con el de Gwyn Rowley y allí se cerró la cuestión. Es posible que quien más haya lamentado la controversia fuese quien menos culpa tenía: el diseñador del anverso de la moneda, el artista Nathan Karp, que simplemente se inspiró en tiempos antiguos, en esta moneda de más de dos mil años (época en la cual, por supuesto, ya se libraban guerras territoriales):





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