Como vimos en el post anterior, Edward Arthur Wilson fue un hombre de mar hasta 1924, año en el cual pasó a tener residencia en Francia y a hacerse llamar "Hermano XII", en nombre de sus creencias.
No vayan a creer que ese suceso es descabellado, porque en los años '20 del siglo pasado se vivió un resurgir de las doctrinas místicas, esotéricas y ocultistas. Europa primero y América después, fueron un hervidero de logias, sociedades secretas y grupos ocultistas de toda índole, desde seguidores de la Teosofía hasta practicantes de la magia negra, pasando por todo el abanico intermedio.
En ese contexto, el Hermano XII hubiese sido tan sólo uno más, un simple individuo en busca de respuestas trascendentes, en un mundo que no parecía brindar ninguna. Pero el hombre dio un paso más y decidió plasmar lo que creía saber: que se aproximaban grandes tribulaciones para la Humanidad, que muy pocos habrían de sobrevivir al caos que se avecinaba y que era posible crear una especie de "arca de salvación", una comunidad de elegidos en una zona segura. Y por supuesto, que él era el líder designado, faltaba más.
Todo esto le venía de supuestas "visiones" que había tenido, de las cuales concluyó que en otra vida había sido nada menos que un faraón egipcio. De zapatero o campesino, nada: faraón y punto. Digo yo que esto tiene una sola explicación: un ególatra buscando acreditación por la vía rápida. Y le salió bien, porque para 1926 había pasado de Francia a Inglaterra, tenía un libro y un manifiesto publicados, había tejido vínculos y cosechado apoyos. Pero esto es lo más importante: estaba en plena campaña de captación de miembros y recaudación de fondos para su proyecto de comunidad y lo que dio en llamar "Fundación Acuariana".
En 1927 se plasmó la idea en Cedar (Isla de Vancouver, Canadá) donde fueron compradas 50 hectáreas y se construyó un verdadero poblado, proyectado y aprovisionado para ser autosuficiente. El dinero no era problema: había de sobra y continuaba fluyendo en forma permanente. Para empezar, porque cada nuevo miembro de la comunidad debía renunciar a todos sus bienes materiales y traspasarlos al líder, o sea, al Hermano XII.
Una vez amo de su reino, el Hermano XII no pudo evitar ninguna de las tentaciones que acompañan al poder absoluto: malos tratos a sus seguidores, apropiación indebida de fondos, abusos sexuales y poligamia, fueron sólo algunos de los rumores que circularon, primero desde los colonos hacia quienes contactaban con ellos y luego, de éstos a las autoridades policiales.
En determinado momento, algunos de los colonos acusaron al Hermano XII de apropiación indebida y éste no tuvo más remedio que presentarse ante la Justicia. Los testimonios de la época indican que, en medio del proceso y estando en el tribunal, la magia del Hermano XII provocó desvanecimientos en los abogados acusadores y conductas extrañas en el Juez. Me parece mucho más probable que el acusado fuese buen conocedor de hierbas y sustancias capaces de provocar esos efectos, por lo cual, fuese él o alguno de sus seguidores, se encargaron de administrárselos a esas personas y hacer de ver que era cuestión de "magia negra".
De todas formas, en esta ocasión no hubo consecuencias para el Hermano XII. Una de sus seguidoras se presentó y declaró que los fondos utilizados por el acusado (25.000 dólares, una gran cantidad en esa época) eran producto de un regalo hecho por ella directamente para él y no una donación para la Fundación. Eso provocó que el caso en su contra cayera por sí solo. Pero ya estaba en la mira de la Policía y de la Justicia, por lo cual decidió de allí en más jugar sus cartas con cautela e ir preparando un gran final. En el próximo posteo veremos cómo lo resolvió.
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