LAS PIEDRAS-GUÍA DE GEORGIA



 No todos los objetos curiosos e interesantes son pequeños, como es el caso de monedas, medallas, estampillas y demás. Por el contrario, algunos pueden ser significativamente grandes y hasta enormes. Hoy vamos a referirnos a uno en particular, las Piedras-Guía de Georgia, que constituyeron sin duda el monumento contemporáneo más misterioso.

Nuestra historia comienza en la ciudad de Elberton (Georgia, USA), pequeña localidad conocida como "la capital mundial del granito", pues su historia ha girado en gran parte en torno a la explotación de ese mineral.

Estamos en 1979 y es viernes, ya muy avanzada la tarde. En la empresa "Elberton Granite Finishing Company" ha terminado la jornada laboral y sólo una persona queda en la oficina: su presidente Joe Fendley haciendo números. En eso, suena insistentemente el timbre. Cuando Fendley acude a ver quién es, se encuentra con un pulcro caballero de mediana edad, bien vestido, que le espeta estas palabras: "Buenas tardes. Quiero encargar un monumento."




Fendley le explica entonces que la empresa es una compañía mayorista, que no se dedica a ese tipo de trabajos, e incluso le ofrece proporcionarle una lista de empresas que cumplen habitualmente esos encargos. Pero ni modo. El caballero no quiere ir a otro lado, sólo desea contratar a esa firma en particular, alegando que el trabajo es muy grande, que involucra precisión absoluta y, entonces, prefiere que lo realice una compañía de gran porte. 

Al final Fendley se comprometió, solamente, a estudiar el encargo. Tomó los planos, bocetos y especificaciones que el cliente le traía y, cuando preguntó el nombre del mismo para completar los formularios, recibió esta respuesta: "Mi nombre es R.C. Christian y represento a un grupo de hombres sabios".

En las semanas siguientes, los técnicos de su empresa procedieron a estudiar y evaluar el proyecto. Al final, se arribó a un costo concreto y una fecha de entrega. Quedó en claro, además, que debería subcontratarse personal, maquinaria y hasta profesionales externos versados en diversas materias. Viendo todo esto, si ya no tenía deseos de aceptar semejante trabajo, Fendley decidió sacarse de arriba al cliente y el encargo, de una manera muy sencilla: fijó un precio final varias veces superior al usual. Para su sorpresa, fue aceptado sin discusión alguna y el cliente procedió a depositar la seña en forma inmediata. Ya no había vuelta atrás.



El resultado fue un monumento de más de 100 toneladas y seis metros de altura, compuesto de losas de granito talladas, mostrando una serie de principios o mandamientos grabados en ocho idiomas. Además, exhibe cuatro estelas adicionales que contienen el siguiente mensaje escrito en caracteres antiguos (griego antiguo, sánscrito, jeroglíficos egipcios y escritura cuneiforme babilónica):

"Que éstos sean los principios de una Edad de la Razón"

En cuanto a los diez principios propiamente dichos, han dado mucho que hablar. Sobre todo, los dos primeros, categóricos por su fuerza implícita:

"Mantener la Humanidad a menos de 500.000.000, en equilibrio perpetuo con la Naturaleza"

"Guiar sabiamente a la reproducción, mejorando la condición y diversidad de la Humanidad"




En breves palabras, allí se habla de control de la población y la reproducción. A nivel mundial, para ser más exactos, lo cual implicaría un gobierno que abarcase todo  el orbe o, al menos, un organismo de poder que sea acatado por todas las naciones (lo cual iría mucho más allá del que hoy conocemos como Naciones Unidas).

El resto de los postulados, si bien parecen presentarse bajo el ropaje de principios éticos y filosóficos, parecen dar por sentado un mandante que los haga cumplir a rajatabla. En ese aspecto son bien diferentes, por ejemplo, de los mandamientos del judaísmo y el cristianismo, pues no constituyen normas de conducta para el individuo, sino más bien artículos de una Constitución mundial.

Queda en el misterio el saber quiénes pudieron idear estos principios y este monumento que los expone. El tal "R.C. Christian" no es más que un seudónimo, esto está aclarado incluso en una losa que complementa al monumento. Lo poco que ha dicho ese hombre es que representaba a un grupo de hombres sabios y que habían proyectado ese monumento por espacio de veinte años. Esa información no nos sirve para gran cosa y sólo conduce a callejones sin salida. Deliberadamente, sin duda.

Lo único que podría servirnos para esclarecer el asunto, es algo que suele ser siempre útil: seguir la pista del dinero. En este sentido, lo que se sabe es que "R.C. Christian" no tuvo más remedio que dejar de lado el seudónimo y mostrar un documento de identidad, a la hora de tratar con el director del Banco local (de apellido Martin), a fin de canalizar los pagos a la empresa constructora del monumento. Pero exigió secreto absoluto y así fue cumplido por el Sr. Martin en todo momento. 



De todas formas, convengamos que "R.C. Christian" pudo utilizar una falsa identidad para sus operaciones bancarias o, aún usando una identidad real, ser un simple testaferro cuyos datos no conducirían a nada.

Otra particularidad del monumento son ciertas alineaciones astronómicas, especificadas también en la losa complementaria. Esta última también hace mención a algo enterrado a seis pies (casi dos metros) en ese punto, pero los espacios reservados para indicar la fecha de enterramiento y la fecha de apertura están en blanco. Por tanto, lo más probable es que, si se tuvo la intención de enterrar allí un objeto (o una "cápsula del tiempo", como se indica en la propia losa complementaria), eso no se llevó a cabo.

La cuestión es que el monumento fue inaugurado el 22 de marzo de 1980, ante una centena de personas cuya mayoría eran seguramente curiosos y nada más. Acudió también un pastor local, que de inmediato proclamó que las piedras constituían un objeto de culto y adoración de Satanás.



La controversia no paró  allí, sino que continuó a lo largo del tiempo. El monumento sufrió pintadas, vandalismo, grafiteadas y demás avatares, pero nada que lo hiciera peligrar seriamente. Hasta que en 2022 le colocaron una bomba y, a causa de los daños, fue necesario demolerlo por cuestiones de seguridad, ya que peligraba por un posible derrumbe. 



Todo el episodio constituye un caso inusual. Un costosísimo monumento fue encargado no se sabe por quién, erigido no se sabe para qué y, simplemente, dejado allí para el olvido. Sus promotores jamás fueron vistos y nadie volvió al sitio en nombre de ellos. Nunca se celebró ningún tipo de ceremonia o ritual en el lugar. Jamás fueron explicados los postulados del monumento y nadie hizo ningún tipo de proselitismo a favor de ellos.

Lo único "satánico" de todo el asunto fue la reacción agresiva de alguna gente, desde simples vándalos hasta predicadores y políticos en busca de arrimar agua a su molino. Entre gallos y medianoche, fueron elevando el nivel de odio hasta que al fin alguien destruyó el monumento. Nunca se supo quién colocó la bomba, como broche de oro a un cúmulo de misterios.

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