Ya hemos visto cómo Edward Arthur Wilson se convirtió en el "Hermano XII", mezcla de místico con megalómano y estafador. También sabemos que amasó una gran fortuna en oro, enorme para ser más exactos, la cual dividió en tres partes que procedió a ocultar en escondites y enterramientos.
Alguien se preguntará si el "Hermano XII" no habrá abierto cuentas bancarias en el extranjero o acumulado valores en papeles tales como acciones o certificados de deuda. Pero lo cierto es que no. Y eso lo sabemos porque, sencillamente, detestaba los Bancos y las Bolsas de Valores, perorando en su contra cada vez que podía. Más aún: no se sabe cómo, pero el "Hermano XII" había profetizado la caída de la Bolsa y la corrida bancaria de 1929.
Al menos en eso, el hombre era coherente en la prédica y en la práctica: acumuló oro físico y se alejó de Bancos y corredores de Bolsa, probablemente por considerar a unos y otros como colegas estafadores.
En 1932 huyó con su pareja, con rumbo desconocido. Y en 1934 apareció un certificado de su defunción, emitido en Suiza y firmado por un médico que, casualmente, era uno de sus seguidores. Como quien dice, todo eso tiene un tufillo muy raro, agravado por el hecho de que hubo un par de avistamientos posteriores a esa "muerte", cuando sendos conocidos le vieron una vez en San Francisco y otra en Roma. Con muy buena salud, por más datos.
Volvamos a lo que brilla: ¿Qué pasó con el oro? Una buena parte (me animo a decir que un tercio) se la llevó el "Hermano XII" y eso le permitió seguramente llevar una buena vida con una identidad desconocida. Pero el resto quedó allí donde lo haya escondido, en los terrenos canadienses de su "Fundación Acuariana".
El primer intento de búsqueda tuvo un fin cómico. Poco después de huir el "Hermano XII", un jardinero local comenzó a hurgar en las construcciones de la colonia abandonada y descubrió lo que consideró un muy buen escondite: un piso falso. Procedió entonces a levantar unos tablones y encontró un pergamino con señales de escritura. ¿Sería un mapa? ¿Serían indicaciones de la localización del oro? Lo cierto es que, cuando lo desenrrolló y leyó su contenido, debe haber quedado mudo. Simplemente decía:
"¡Para los traidores y los tontos, NADA!"
Mal principio, buen fin. habrán pensado los buscadores. Porque los hubo muchos y muy tenaces en el correr de los años. Luego del jardinero, llegó el turno de un hombre de apellido Sepúlveda, quien había sido obrero para el "Hermano XII".
Como parte de su trabajo, Sepúlveda había construido un nicho de cemento en un islote cercano a la Isla De Courcy. Y cuando se supo la noticia de la fuga, razonó que el nicho debía ser un escondite para el oro, por lo cual se dirigió al sitio. Pero sólo encontró que había sido abierto y estaba vacío.
El siguiente buscador fue un marino de apellido Paulsen, propietario de un modesto pesquero. De la noche a la mañana, compró tres barcos y abandonó su pueblo natal (Nanaimo), que estaba a unos pocos kilómetros de la colonia del "Hermano XII", para mudarse a Vancouver y contratar una caja de seguridad en un banco local. Le dijo a su familia que había encontrado parte del oro del "Hermano XII".
No tuvo tanta suerte el buscador que siguió, el señor Víctor Harrison, quien oficiaba como cobrador de deudas en la zona. En esas circunstancias conoció gente que le contó, bajo cuerda, que el "Hermano XII" había adquirido un barco y que había hecho adosar una caja fuerte de acero en un camarote.
Tras producirse la fuga, Harrison y el sheriff localizaron el barco, que había sido semi hundido en el muelle por su propietario antes de desaparecer. Pero ni señales del oro, ni siquiera de la caja fuerte misma. ¿Qué había pasado entonces? Al parecer, la fuente del señor Harrison había padecido un error: el "Hermano XII" había adquirido un barco (el "Lady Royal") en nombre de su Fundación Acuariana, pero poseía otro (el "Kunathen"), que era el que tenía la caja fuerte y el que fue utilizado para escapar.
De allí para adelante, la historia del "Hermano XII" se convirtió, con justa razón, en parte del folklore local. A los buscadores locales se sumaron otros que llegaban de todas partes, atraídos no sólo por el oro sino también por el misterio. Por caso, allí tenemos a Josh Gates, quien dedicó un programa de su serie "Expedición a lo desconocido" a intentar desentrañar el caso.
Lo cierto es que los años pasaron y nada fue encontrado con certeza, pese a que se ha buscado (pero quizás no en los lugares correctos). Recordemos esto: el "Hermano XII" era tan astuto como taimado, tuvo mucho tiempo para buscar sitios apropiados y armar escondites en los terrenos de la Fundación. Asimismo, al ser buen marino y tener embarcaciones, pudo llegar con facilidad a los múltiples islotes de la zona.
Lo más probable es que, algún día, cualquier excursionista o pescador aficionado encuentre sin proponérselo uno de los escondites y se haga millonario al instante. Entretanto, ha habido intentos de vender algunos de los terrenos y las propiedades donde el "Hermano XII" estuvo. Por caso, en 2016 se sacó a la venta el predio donde originalmente estuvo la colonia de la Fundación Acuariana. Dado que pedían más de dos millones de dólares por las cuarenta y dos hectáreas, no sé si la operación habrá cerrado o no. Está bien que puede haber un tesoro allí, pero...



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